• Travazona

Volver al futuro, crónicas travas del año 2001

Apartada por la marginalidad, obtenía mi sustento bajando mi bragueta, usando mi trasero y sobando mis tetas.

Viendo como mis hermanas en esa época cambiaban sexo por un cajón de bananas o como hice yo en algún momento con un repartidor de carne, negocié 7 carré de cerdo por sexo atrás dentro del camión en la caja frigorífica, fue en la noche de navidad para poder comer, revender y tener algún ingreso para subsistir, sobrevivir.


Avenida de los italianos 501: fue la baldosa de ese lugar mi parada por más de 10 años, ahí estaba junto a la Totoya, la Marcela qué decía que su primer Dni de mujer lo tenia ella, fantasías de grandeza, contrastaba con las maldades que hacían cómo por ejemplo pintaban en la calle por envidia Lara tiene sida.


Violencia que suceden en la calle prostibularia, cuándo la gorda que no tiene cuerpo pero tiene labia montaba coches, mucho más coches que otras, con cuerpo agraciado y quizás menos ventajas.


Veíamos que la cosa colapsaba,el 2001 venía febril y agitado con un país devastado.


Nosotras ajenas esas realidades ya que cuidábamos el culo y la vida para que no aparezcamos en un zanjón, asesinadas, violadas o con un destino peor que la Kitty asesinada por el tranza porque se tomó toda la merca para la venta, ya la droga se ofrecía como promoción 2×1 un pete y la bolsa.


No veíamos esa realidad del país, porque nuestra realidad era la billetera, el morfar, que la patota de costanera no nos viole como hizo con “D” desgarrandola con una botella y con esa infección que hasta hace un par de años la vi y seguía como recuerdo maldito y estigma.


Nuestro objetivo era juntar guita para ir al mercado y llegar con bolsas con comida a casa, para el alquiler del rancho o la que tenia suerte la pieza del hotel, la mas poderosa el departamento, como la Totoya, las que la conocen saben que no miento, nunca vi una trava tan emprendedora y ella me decía querer terminar sus días tranquila.


Aprendí mucho de ella ya que me dio mis primeras herramientas de costura, el buscarme otra changuita ademas de la “oficina”.


En definitiva queríamos estar tranquilas, deseábamos que el hambre no llegue, igual el hambre generalmente a veces llegaba igual.


Veíamos la preocupación ese día, que un presidente hizo aterrizar un helicóptero en el techo de la mismísima casa rosada, en los noticieros decían que la misma no tenía estructura para soportar el embate del peso del vehículo de ese tamaño.


Escuchamos las corridas y las estampidas previos a ese día fatídico, sabíamos que la ciudad ardía, que las Madres de Plaza de Mayo eran corridas con la policía montada, Demetrio mí compañero de mí laburo actual lo corroboraba, él estuvo ahí cuando esa Yuta galopante que meses atrás apareció con gran fuerza en la calles generandonos preocupación, volvían los setenta, volvía la represión.


Sabíamos todo las travas pero a la vez no queríamos saber nada de ese mundo al que no pertenecíamos, pero como cotorras que están paradas arriba de un árbol mirando la realidad, la realidad que nunca nos tocaba, veíamos desde el Olimpo de las travas que es la calle, a esos seres humanos que eran devastados por las reglas sociales, conflictos del patriarcado, los económicos, los sociales, los culturales.


Esa tarde de de calor mortecino, de olor violencia, quizás demasiado olor, demasiada violencia.


Ese día caí temprano a la parada, era verano y había que aprovechar el tránsito, demasiado quizás por la revolución que se venía, por el descontento social.


Quizás esa presidencia y ese partido gobernante demostraba como despedazaba a los más pobres, a los más humildes, además de someter a la clase media a la realidad que para los gobiernos no somos nada.


Y nosotras ajenas de sueños y esperanzas veíamos como a la Argentina caía otra vez derrotada por los errores de los políticos que pensaban que nos iban engañar, que nos iban a seguir dominando, hasta quizás sólo quizás la muerte de unos cuantos hará entender a la sociedad que ya era el basta, el basta patriarcal de abusar sistemáticamente de toda una población que ya no daba más.

Y alcé la mirada y sentí el revoloteo, se veía desde mi parada como una amazona en un risco en la jungla de cemento que era mi hábitat, aquel magnífico helicóptero huyendo hacia zona norte en un raudo vuelo en ese momento el país había caído en una de las crisis económicas más Terribles.


Llegando a casa a la medianoche después de una noche agitada, entre braguetas y calzones, entre bombachas y consoladores, el dolor del cuerpo, y ese bendito bálsamo que era el olor al dinero, mientras se caía a pocas cuadras un nuevo gobierno.


Mientras tanto las travas veíamos como esta humanidad se volvía a destrozar, porque nunca entenderemos, ni nunca entenderán que las realidades partidarias son ajenas desde un principio a los deseos del goce y la felicidad del pueblo.

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