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Transfeminismo, el compromiso real extinto

Leemos teorías como la de Robert Hill o Emmy Yokoyama, sobre la realidad transfeminista. De hecho parte o gran parte de la producción académica de base se sitúa en las concepciones del feminismo europeo o estadounidense.


Como si el colonialismo fuese insuficiente, por tradición de producción atamos nuestras propias teorías a subsumirlas a aquellas que ,cruzando océanos, pretenden construir realidades latinoamericanas, o, peor aún, pretenden muchas teorías encajarlas.


Si vamos al manifiesto de Emmy Yokoyama entendemos el razonamiento de lo incompleto del concepto transfeminista, siendo utilizado por discurso hegemónico feminista, para aplicar las mismas situaciones de construcción conceptual a resolver en el feminismo transgénero.


Hemos visto a los largo de estos años como se incorporó al discurso cotidiano de la masa cisgénero feminista el entendimiento de movimiento o colectivo transfeminista.


Pero la contrapartida que gesta la realidad del movimiento transgénero y transexual argentino dista de aquellas definiciones que pretendian subsanar las fallas y lagunas del feminismo por la real inserción de las identidades transgéneros a la acción política real para poder sumar a la lucha feminista las particularidades del movimiento transgénero.


Lo vemos a diario cuando el discurso hegemónico feminista bautiza como clerigas validantes a las identidades trans como mujeres trans, borrando de cuajo otras femineidades del arco político identitario, haciendo casi imposible pensar en la creación de políticas públicas plurididentitarias, dado que las aliadas políticas feministas determinan la identidad de acuerdo a su concepción teórica.


Otras, más avezadas, siguen con el extractivismo académico, nos citan pero hablan por nosotras, concluyen por nosotras pero no comparten el acto de la promoción de ideas, pensamientos. Acto residual, muy similar a la acción patriarcal al momento en que las mujeres empezaron a adentrarse a conceptualizar y teorizar.


Como acto final, año a año debemos plantar bastión en cuanto acto feminista masivo se concrete, puesto las resistencias a nuestra participación fundan el entendimiento que el rol de víctima puede ser corrido ante las carencias mucho mayores del movimiento transgénero travesti, interpelando al mismísimo feminismo el talón de Aquiles conceptual: aquí también la disputa por quien es más víctima si las mujeres cis o las transgéneros (término patriarcal que el mismo feminismo no pretende interpelar), y cuando se vislumbra que otra identidad sufre peores vejaciones que la masa feminista automáticamente se la invisibiliza.


Prueba de ello tenemos como automáticamente bautizan de femicidio al crimen de las identidades transgénero, o califican con términos expresivos y relativos a los mujer cuando pretender ensalzar la sororidad, más no la pueden correr de la diferencia que lateraliza en ciertos momentos la interseccionalidad, haciendo diferenciable los recorridos diferentes de la posición de subordinación, dominación y opresión.


En definitiva ,debe plantearse el movimiento feminista cisgénero hasta cuando van a comulgar con la hostia transfeminista conceptual para expiar culpas o faltas en su accionar, hasta cuando mostrarán esa sororidad híbrida que no solo invisibiliza sino que nos retrotrae a un estado de desvanecimiento según la necesidad de utilizacion politica y partidaria.


Hasta cuando seguiremos siendo totems simbólicos que solo quedan en la ceremonia sagrada de la incorporación a los movimientos feministas con el mote de transfeminismos, que no vemos en la marcha de los travesticidios, en el cupo laboral trans, en el acompañamiento de las mujeres y femineidades trans en situación carcelaria, el mismo que ni siquiera hay atisbo de las mujeres trans y travestis originarias, el mismo que nunca acompañan en los femicidios y transfemicidios.


El feminismo cisgénero en varias de sus vertientes cree que disputamos el rol de víctima tan enraizado en el movimiento feminista, cuando en la realidad todes absolutamente todes somos sobrevivientes del régimen patriarcal, binario y biologicista, dejando de ser "problematizadas" como sentencia negativa de la concepción de lenguaje académico siendo este un vicio discursivo.


Debemos repensarnos como productoras de soluciones y no ser "problematizadas".


Finalmente, esta pandemia que azota al planeta ha dejado en evidencia la falta de responsabilidad del Estado, del no conocer la realidad transgénero, y como medios feministas cisgeneros cuentan femicidios, pero pareciera que los transfemicidios y travesticidios se cometen fuera del reclamo de los asesinatos patriarcales sino corresponde a lo mujer.


Cualquier semejanza patriarcal no es pura coincidencia.



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