• Travazona

Lo “negativo” de ser travesti


Soy madre y argentina!! proclamaban a gritos en las revoluciones, macho y argentino!! vociferaban en una disputa de un partido de fútbol los muchachos en el bar de la esquina tratándole de darle peso y animo a su equipo.


Si escuchamos a diario como poco a poco se fue instaurando la categoría sexual y reproductiva como mandatos y soberanías identitarias sexuales, observamos como también estas categorías impuestas culturalmente fueron creando el acervo identitario, quitando toda posibilidad de expresión o conformación de la identidad desde el deseo propio, haciendo imposible otra opción de reconocimiento y autopercibimiento en las categorías sociales, ya que la presión cultural de representar y crear la identidad soberana heterosexual se veía impuesta como mantra eterno, haciendo imposible pensarnos desde nuestro propio deseo.


Mediante el uso de los medios de comunicación para la proliferación de estos mandatos, identidades de lesbianas, maricas, gays, transgéneros, en primera instancia eramos las no habladas, luego las denostadas y finalmente cuando los mecanismos represores sociales, las estructuras comunicacionales fueron construyendo las identidades disentidas sociales en identidades vergonzantes,  constituyendo así  la superestructura social, la cual determinó nuestro concepto delincuencial.


Pero sólo el trabajo de los medios de comunicación y justicia articulados con los mandatos heterosexuales no hubieren obtenido este contundente triunfo sin la participación las triadas expulsoras identitarias, a saber aquellos aparatos sociales establecidos por la hegemonía heterosexual, los que al impartir los dogmas del deber ser, crearon así mecanismos de expulsión y destrucción.


Debemos pensar entonces que rol han cumplido los medios de comunicación como eje del sistema de estigmatización, persecutorio y adherente al simbolismo de la categoría travesti como representación identitaria negativa.


Mucho se habla de los derechos, las garantías, lo quitado. El concepto de no dejarnos ser es cuestionable, cuando justamente por “ser” es que somos perseguidas y exterminadas.


¿Qué responsabilidad hay en la historia de la sociedad y de los medios de comunicación para perpetuar el concepto delincuencial de la identidad travesti?


Ya que inclusive nuestro propio colectivo transgénero nos estigmatiza amparándose en los privilegios de lo mujer, cuando nos recuerdan constantemente que la biología categorizante nos violenta, por su casta genital la cual representa la escala de categorización social  proyectada al concepto de diversidad, como si esta fuera la construcción de la sociedad.

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