• Travazona

EL PENE TRAVESTI, EL SALTO GENERACIONAL Y LA VUELTA A LA CUESTION GENITAL POR POSICION DE CLASE

Este año celebro mis 52 años de supervivencia en este planeta, le comentaba a mi hija Dracarys mientras su marida la Crystal preparaba el desayuno, que yo quería mi gran torta de cumpleaños. La Crystal me responde: - yo te la hago!! - sus ojos tintineando como copas de baccarat revoleadas en un festejo pagano sabían de mi aprobación, y ahí le espeté mi torta trava será un conciábulo de tetas, pito y culo ese monumento que tanto quiso exterminarnos la humanidad hoy lo vuelvo a rescatar.




Hoy vivo construyendo otra posibilidad, elegida, pergeñada, no en un plan B escapista de la realidad, vivo en este barrio platense donde Thalía con Maria la del Barrio y sus novelas quedan como de presupuesto bajo, con todo lo que estoy viviendo en la ciudad de las diagonales producto de mi fuga pandémica allá por el 2020, cuando otra vez la humanidad provocó este daño a la naturaleza y la misma covideó nuestras vidas como respuesta.


Es que hoy veo distintas situaciones vividas y la comparo con los relatos de escritoras travas y trans, y amigas, sobrinas e hijas travas y maricas a las que acompaño cuando necesitan alguna mano en algo sea legal, administrativa o ante algún organismo del Estado y se está reescribiendo una nueva historia en la gesta travesti transgénero transexual.

Pero esta gesta mileniall tiene componentes que no pasan inadvertidos, en donde se sacrifican ciertas cuestiones históricas donde la nueva generación TTT olvida el basamento de tantas cuestiones históricas que las pierden en el relato de sus nuevas vivencias, preocupaciones y emociones.

Esta situación del olvido puede reflejar como la mecánica de lo viejo y lo joven en las cuestiones del salto generacional se van tallando desde la misma situación social en cuanto al descarte de unas generaciones con otras condenándolas al olvido, dando paso a repetir los errores que tanto nos ha costado reconstruir para fundamentar y crear las condiciones de equidad social en la actualidad.


Como dice el investigador Juan Lezcano politólogo de la UBA con quien mantengo charlas asiduas con la temática lgbtiq y sobretodo como los cambios políticos sociales trans vienen con una velocidad inusitada, en cuanto avances, pero también en cuando a que la lucha está siendo fagocitada y desdibujada desde y por el colectivo TTT actual.

Debo recordar constantemente escribir bien el cuentito para que la historia sea legible y más entendible, ya que la maraña de mi pensar y mi razonar travesti (asi lo entiendo yo) tiene miles de subterfugios (escapatoria o medio engañoso para solucionar una situación difícil). Tanta maraña hay que se me cruzo esa palabra (subterfugio) y la aclaro para no perderme y no perderlo en este pensar travesti que tanto oxigeno me da ante tanta incoherencia en la realidad.


Hoy leo una excelente nota en Cosecha Roja de la periodista Victoria Stefano donde su título dice ¿Porque las travestis escondemos nuestro pene? y habla en su escrito de como relaciona la ropa interior con el sentirse bien, o de la opresión del pene por vergüenza o por dolor, volviendo a tratar la cuestión de la genitalidad como una "cuestión problemática en relación de les otres con mi cuerpo", y acá me detengo a pensar porque la relación de otres con mi cuerpo y no la relación de mi misma con mi cuerpo y porque se interpela sobre los otres y no sobre ella misma y su relación con su cuerpo trava, ¿qué hay no saldado para que la otredad siga siendo el punto de validación y construcción identitaria?. Las viejas travas, (seres humanos que todavía estamos vivas, aunque quieran enterrarnos en una patética necro afectividad travesti) ciertas cuestiones propias las hemos resuelto en forma egoísta y por supervivencia.


Unos de los mejores ejemplos del pene y el cuerpo travesti lo da el hermoso podcast de Futurock del Archivo de la Memoria trans (https://twitter.com/futurockOk/status/1461737281291620358 ) en donde una de las sobrevivientes manifiesta por qué esconder el pene allá por los bajos de la Avenida del Libertador en Zona Norte, y la argumentación de ingresar en la prostitucion en los 60, era ingresar a la prostitucion exclusiva de las mujeres, y en ese momento histórico el cuerpo trava entraba camuflando su genitalidad y el teje trava largaba el discurso de la menstruación o cualquier otra excusa para habilitar la penetración anal.


Con el paso del tiempo ese tesoro travesti fue descubierto, y los golosos de Avenida del Libertador y la ruta Panamericana comenzaron a buscar esos tesoros en donde la bandera trava se erigió entre chetos, terratenientes, policías genocidas, clientes deseosos de ese cuerpo travesti.


Esos cuerpos que galopaban desnudos en las orillas de una carretera internacional, entre auto de alta gama, camioneros deseosos de un momento de sexo, y ellas las legendarias paseaban sus cuerpos hormonados y luego la maldita silicona que hoy a muchas de esas eternas travestis les está llevando dolor físico y psíquico, en esta cuenta regresiva para ascender al olimpo travesti.


En los noventa preguntarnos por el cuerpo trava no era tan problemático, si éramos pene portante o no, es más muchas no lo escondían, tenías que ver a la Latoya parada con su cuerpo barroco marrón, su platinado digno de la Coccinelle (vedette argentina TTT legendaria) con su tapado de piel blanco y su piernita cruzada como la Sarli saliendo del camión extasiada después de haber sido mancillada por tanto carnicero deseoso de ese monumento.


En el momento menos pensado la Latoya descruzaba sus piernas y ese divino tesoro travesti emergía y ese cuerpo tallado a fuerza de hormona y silicona mostraba lo impensado, los autos clavaban lo frenos, y preguntaban precio, subía y bajaba son parar solo por su entrepierna exhibida, mientras yo a veinte metros era totalmente ignorada, el épico cuerpo travesti enceguecía de deseo a todo transeúnte a pie, en auto, camión e inclusive a veces a caballo.


En ese entonces para muchas el esconder el pene no era un acto de opresión, la liberación de la genitalidad travesti traía beneficios económicos, mirá si podíamos ponernos a pensar en el prurito o la atención del otre, en la fantasía de un amor hetero sexualizado, si nos buscaban por nuestra impronta travesti.


Por otra parte en la calle no he conocido en esa época chicas encintadas, por una cuestión practica de estar en ejercicio o situación e prostitucion, donde el termino trabajo sexual no existía, menos aún nos incluía, porque entiendo que para entender algo como trabajo tenía una connotación de la portación de derechos laborales y civiles, y que íbamos a pensar en estos si nuestro principal derecho, el derecho a la vida, sumado todos esos derechos cercenados legalmente por el Estado argentino fueron borrados.


Si en otros ambientes, como el Dragqueen, allá por los 90 siendo yo hoy una vieja reina como La Cacho, La Sofía Saunier, La Isis, La Sir James, (yo en esa época era Lara Kinder) éramos reinas de la noche porteña en el corredor de la calle Hipólito Yrigoyen. Yo en mi imperio "La Jaula", ahí conocí a una chica Drag que se encintaba, hasta el punto que tenía un triángulo recortado imitando un pubis frontal luego de haberse puesto cinta engomada.


Siempre me pregunto porque utilizamos el termino closet, entiendo yo que el mismo más allá de ser un lugar de opresión también cumplía doble función, de protección y resguardo y de opresión de deseo, donde si bien es constantemente mancillado muches closet portantes olvidan que fue su principal arma de sobrevida, el ocultamiento.


Y Cuando leo el closet travesti que nombran las juventudes TTT en la actualidad, me pregunto porque este retroceso en la comunidad TTT, si las mismas TTT no teníamos closet, tenemos hasta el dia de hoy lo que llamo una cárcel a cielo abierto, dado que si nuestra renuncia y tracción al mandato y opresión patriarcal, por abrazo a nuestra identidad, le sumamos otra traición más que es enfrentar estos mandatos patriarcal-colonialistas.


Entonces puedo observar dos realidades trans que reabren dos abanicos importantes, el salto generacional y la cuestión de clase y la incidencia en el proceso de inserción social y de construcción de derechos.


Retrotraernos al closet es enmarcarnos dentro de aquel gueto gay que poseía ese lugar de fuga y de supervivencia, ese lugar que no poseemos las travas y trans a sabiendas de lo probado de nuestro promedio de vida de 35-40 años producto no solo del travesticidio y transfemicidio social sino de aquellas militantes y activistas trans que por una cuestión de canibalismo partidario se han animado a decir que ese promedio ha bajado, solo por figurar como émulas de Evita y no entendiendo que su cadáver político flota por lo perdidos pasillos de la cámara de legisladores.


Ese mismo travesticidio y transfemicidio se sostiene también cuando celebramos la imposición de una identidad por parte del Estado que nos conmina a los sexual, una X indeterminada, donde hoy por hoy ni siquiera pueden hacer un trámite gubernamental (quienes toman la X como una identidad) porque el mismo Estado crea mutaciones identitarias, y no posee el mecanismo administrativo para incorporarlo, generando más daño, desconociendo el reclamo de todas las identidades sociales existentes, y nos colocan en esa oprobiosa X, donde hace poco tiempo atrás era la marca del analfabeto al firmar, del desaparecido al registrarlo, esa X en matemáticas para despejar la incógnita y no produzca más problemas, donde en lo habitual la X se usa para tachar y desaparecer algo que es no valorado o innecesario, donde el no ser era validado con esa X fatídica letra del abecedario.


Vuelvo a preguntarme si la historia travesti, de las sobrevivientes sus relatos (como el mío) de abandonarnos al olvido, y no poder utilizarnos para poder repensar esta actualidad, nos ahoga en este mar capitalista, mercantilista de cuerpos, identidades, territorio y nos llevan a un fin peor del que esperábamos.

Porque en vez de pensarnos desde nuestra propia existencia seguimos viendo como siguen pensando como agradar al otre y ser aprobades por otres, cuando el ser travesti genera incomodidad por no atarse a lo que el otro piensa dice o hace de nosotras, que ese es el arma fundamental para interpelar a esta lamentable sociedad heterosexual.










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