• Travazona

AMOR PROHIBIDO, "LAS MARCAS DE UN INTENTO DE TRAVESTICIDIO”

(RELATO DE SUCESOS OCURRIDOS EN 1997)

En memoria de Amancay Diana Sacayan y tantas otras que no pudieron sobrevivir…


Corría 1997, ya mí parada en Cochabamba y Paseo Colón estaba más que aceitada. Los chicos de la parrilla 24 horas me habían dado una mano e iba a atender a clientes caminantes atrás de la parrilla en el depósito, ya que de ellos era clienta asidua.

El patronato de la infancia a media cuadra de casa era un tugurio monumental mezclado con el desclase social, donde delincuencia y familias se superponían. Volvía yo de mi jornada, abatida por el cansancio y lo veo a él un metro noventa o más joven y bello para mi gusto, levante de garrón, porque negar que me calentaba si andaba todo el día con la libido en quinta y a fondo, sin parar, nunca parabas.

Porque hoy también me pregunto, si nos sabemos violentadas y decimos que la única salida que es la prostitución también nos deja la libido desbalanceada, con un discurso hipócrita de decirnos mancilladas y violentadas, pero a la vez muchas y me incluyo con ese comportamiento de loba buscando sangre de deseo a pesar del discurso lastimoso, que a veces lo creo a veces no, justificando nuestro hedonismo sexual perpetrado en nuestras vidas.

Fuimos a casa, el demostrando su sapiencia macha y yo volada en mina, haciéndome mas gata que las gatas. Y enamorada de la nada, esperanzada la trava lo dejo ir para otro día volverlo a ver.

Y a los pocos día lo vi, pero venia extraño, entro a casa callado, acariciándome me llevo al dormitorio pensando yo el idilio hermosos que se gestaba en mi cabeza haciéndome perder la real conciencia. Agua pedía, la sed lo invadía, cedí mi cocina: -anda que te espero aquí tranquila- decía absolutamente seducida. Entro a mi cuarto, sus ojos raros, la alarma que nunca sonó en mi vida sonaban con poder, yo no sabía de esas alarmas de la vida, no sabía de esas alarmas, no sabía de esas alarmas!!!! Y él se tiro en mi con un acto violento, entendiendo yo amor pasional, pero no nunca fue eso, sus piernas sobre mis hombros me lastimaron, boca arriba con un escalofrió encima, y la mirada oscura, esa mirada que aprendí a leer luego, pero esta vez la leí sin leerla, solo veo ese oscuro puente de maldad dándome el peor de los sucesos, o uno de los peores de mi existencia.

El tramontina pequeño se instalo en mi cuello, los dientes machacaban mi piel, sintiendo el frió, y la mella que hacía en mi el acero.

-Date vuelta-  decía con voz tranquila, la muerte rondaba y yo ya lo sabía, ante mi lucidez dije – como me doy vuelta si estas arriba-

Y en el momento que él se movía, una patada contundente en el plexo desequilibraba su intento, pelea voraz, sangrante, barreta en mano partiéndole el lomo, pero era tal el odio que no la sentía, y las cuchilladas iban y venían.

Las manos fueron mi salvación, agarre la punta la quebré, y me corte la mano en dos. Salvó mi vida pero empezó la pelea a trompada limpia, el golpeaba y golpeaba, dando cuenta de cuanta droga lo anestesiaba. Logre agarrar la puerta de casa, abrí y salí arrastrándome con el tipo colgado al cuello, golpeándome la cabeza, hasta desvanecerme y entregarme a la muerte.

Anestesia, silencio nada, una paz me sedaba, pero había algo que no cedía mi deseo de vida, Viva me quiero!!! Viva me quiero!!!

Y del fondo de mi ser arranco un poder infinito, con el tipo colgado me aferre con los dientes a su cara arrancándole media cara, sonara terrible pero es mi vida, era la mía o la de él, todo valía.

Los golpes cada vez más fuertes, me patinaba y no sabía porque era, era porque mi sangre y su sangre marcaban el camino no amarillo como los de los sueños abajo de un arco íris, rojos del odio hacia una travesti, el puto mujer, el maricón, el reventado del culo, eso que todos deseaban, ahora debían eliminarlo porque el deseo fue cumplido y ahora interpela a su propio machismo. Los dos desnudos en el palier del edificio, mis gritos de socorro temblaban en el edificio, mas tarde el consorcio quería hacer sangre de mi estadía, otro cuento para otro día.

Colapso en las llamadas por los vecinos al viejo 101, ese numero fatídico que nadie debería marcar, o el americanizado 911, tan visto en las películas, tan cercano hoy en nuestras vidas. Llegué a la puerta del edificio abatida ensangrentada violentada, ultrajada acuchillada varias veces, deformada de los golpes de mi asesino, con el peso de él en mi cuello, arranqué la puerta de cuajo con la estela de sangre de 20 metros a lo largo de la galería.

Y el frió de la calle y el frió salvador, despertó al asesino de su carnicería, poniendo las patas prontas huyendo, sangrado, golpeado y con media cara colgando…a esta trava no las matas, a esta trava no la mataron.

Heridas donde querías tenia, nariz rota, más de 40 puntos de sutura en mi cuerpo, la cara inflamada al extremo de la muerte, los dientes flojos de los golpes, todo sangre, rojo, fuego y muerte.

Lo demás hoy es leyenda, sin justicia sin amparo sin condición de cobijo, era una más que casi matan, era una más de que quizás de salvo de, esta no esta, esta se fue o esta murió.


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